“Ahora hay que llevar a la conciencia de cada argentino que en ese espacio no se ha depositado algo que ya fue, que pasó, una antigualla. En el tema áspero del horror y la memoria del horror lo que frecuentemente desespera es un deseo que aprisiona a todos: congelar, dejar atrás, olvidar. La “memoria”, para serlo, no puede estar guardada, protegida en un santuario al que se acude cuando se quiere “recordar”. En los museos suelen estar las cosas del pasado, las que ya fueron y no volverán a ser , las que hoy, casi siempre, son una rareza: un sable, un poncho mazorquero…En este Museo de la ESMA está expuesta la condición humana en su estado más puro de aniquilación, de muerte. Y todo el que vea ese Museo deberá saber que “eso” no es el pasado. Que es un presente eterno, algo que fue y siempre puede volver a ser ya que es, ni mas ni menos , lo que el hombre es, su oscura esencia obsenamente desplegada. Eso ocurrió y no le ocurrió a otros. No es un “espectáculo”. Un “más allá” de mi. Una exterioridad que, en cuanto tal, no me incluye…”

José Pablo Feinman