La memoria es un ejercicio mucho más que una reflexión teórico-académica.

Precisamente porque es un acto hay muchas formas de hacer la memoria y por lo tanto creo que es interesante detenerse en qué se entiende por memoria y cómo se hace la memoria, porque de acuerdo a esto , serán los usos políticos que se le den. Porque indudablemente no hay posibilidad de realización de la memoria neutral, sino que todo ejercicio de memoria tiene signos políticos. Si esto es así, en realidad más que memoria lo que tenemos son memorias , en plural. Y estas memorias en plural, creo que lo son, en tanto tienen la capacidad de recoger distintas voces.

Creo que la diferencia con la construcción que tratamos de hacer de la memoria es que justamente la memoria no solamente es múltiple, no solamente son memorias, sino que arranca de lo vivido, de la experiencia, que toma como punto de partida lo que podríamos llamar la marca: la marca que la experiencia vivida graba, graba sobre el cuerpo individual o sobre el cuerpo social. Que de alguna manera está inicialmente esta marca, pero la memoria es capaz de trascenderla y de hacer de ella otra cosa, asignarle sentidos, pasar de la marca a algo que va más allá. Hacer de la experiencia, que es única e intransferible, algo que sí se puede transmitir y que sí se puede comunicar.

Si esto es así, si la memoria o este ejercicio que estamos empeñados en hacer, tiene estas características, al haber muchas experiencias, diversidad de experiencias, habrá también una diversidad de relatos. Y lo interesante será que estos relatos no solamente pueden ser distintos sino que podrán ser contradictorios o incluso ambivalentes. Y que en el ejercicio o los ejercicios de memoria, caben todas estas diferencias, estos desacuerdos, estas ambivalencias de los relatos. En este sentido yo creo que la memoria arma el recuerdo no como un rompecabezas en donde cada pieza entra en un lugar y en ningún otro, o sea tiene un lugar único para entrar y hay una figura única que se forma. Creo que la memoria opera más que como un rompecabezas, como un rasti. O sea que con las mismas piezas se puede construir distintas figuras. Y esta diversidad de las figuras es justamente desde mi punto de vista la riqueza de la memoria. Y lo que hace que en este ejercicio de la memoria no puede haber dueños. No puede haber dueños ni puede haber relatos únicos, sino que necesariamente hay quienes van a armar unas figuras y quienes armarán otras.

La fidelidad de la memoria no puede tener que

ver con la repetición. La repetición de una misma historia, creo que al mismo tiempo que seca el relato, que lo va haciendo cada vez más irrelevante, también seca los oídos que escuchan el relato y se empieza a hacer un relato hartante. Por otro lado, la repetición constante de una misma cosa no es del orden del pasaje de las experiencias, sino que la repetición de una misma cosa punto por punto tiene que ver con la transmisión de un procedimiento técnico, con la transmisión de un ritual, por ejemplo, que lleva a la repetición. Mientras que el sentido del pasaje de la memoria nunca tiene que ver con la repetición sino que tiene que ver justamente con un pasaje de aprendizaje por la experiencia.

Creo entonces que la cuestión de la fidelidad de la memoria, que está siempre ahí, molestándonos, porque cambia, porque se altera el relato, porque se modifica según aquel que hace memoria. Entonces creo que la cuestión de la fidelidad de la memoria nos obliga como a una especie de doble movimiento. Por un lado, hay que abrir el pasado, desde las urgencias del presente. Preguntarle al pasado desde las preguntas del presente. Pero por otro lado, la fidelidad de la memoria también nos obliga a la lectura del pasado desde las coordenadas del pasado, recuperando las coordenadas de sentido del pasado. Por un lado, el sentido que el pasado tuvo para los actores del pasado y por otro lado, el sentido que ese pasado tiene para los desafíos y preguntas del presente. Creo que es la conexión entre los sentidos la que permite que la memoria sea una memoria fiel, haya una fidelidad de la memoria. Y creo que en este ejercicio también lo que recuperamos es el pasado y los fenómenos del presente como proceso, no como acontecimientos aislados, sino los procesos que ligan y vinculan. En este sentido, la memoria sería una especie de gozne que conecta de distintas maneras, porque creo que no se puede entender la memoria como un ejercicio necesariamente del orden de la resistencia. La memoria puede ser resistente, pero también puede ser funcional al poder, al poder vigente. De hecho puede haber formas de ejercicio de la memoria que consumen las pretensiones y los actos del propio poder. Que una memoria sea resistente tiene que ver justamente con cómo se articula con el presente y cómo esa memoria rehúsa la construcción de un relato único.

Pilar Claveiro

Conferencia “Puentes de la memoria: terrorismo de Estado, sociedad y militancia”
UTPBA, Buenos Aires, 2004
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