Qué trato darle a este espacio de tan intensa carga simbólica, para que sea posible su transformación en algo distinto? Visité un campo de concentración nazi en Mauthausen (Austria) hace unos veinte años, y me fue suficiente. Nunca más necesité ni quise entrar en otro.

La experiencia fue dura, necesaria, pero con una vez en la vida, me bastó!. Algunas esculturas realistas en los campos circundantes, los hornos crematorios, los pabellones, el paisaje siniestro...Me parece que estamos ante la posibilidad de encarar algo distinto en la ESMA. El mantenimiento del Casino de Oficiales en su estado actual permitirá a los visitantes conocer lo esencial del funcionamiento del campo de concentración, tortura y exterminio que fue la ESMA, así como las distintas funciones de cada edificio. Será necesario un tratamiento “museístico” del espacio, en el sentido de garantizar su preservación , determinar un recorrido, elegir un sistema de señalización, un conjunto de textos, imágenes, una experiencia que consiga transmitir la intensidad política de lo que sucedió en ese lugar, un lugar histórico, un sitio de memoria. No me parece conveniente ni interesante limitar la experiencia de visita a la ESMA a este espacio. El Casino de Oficiales, donde tantos fueron interrogados hasta la muerte, no puede ser la única opción de actividad al entrar en la ESMA, especialmente para los argentinos de las nuevas generaciones. El amargo recuerdo de la muerte se impondrá sobre todo. Nadie querrá volver al infierno varias veces. Un conjunto de proyectos educativos, culturales y académicos podrían dar al espacio un nuevo sentido, en el que la reivindicación de un país distinto por el que muchos murieron allí se exprese de una manera constructiva, propositiva. Un espacio donde podrían convivir una sala de cine y teatro, en la que se programen en forma permanente las películas que se han producido y se producen en la Argentina y en el exterior, relacionadas con las temáticas de los derechos humanos y del terrorismo de Estado, representaciones de Teatro por la Identidad, una videoteca especializada. También sería posible desarrollar una actividad académica de postgrado y de investigación, relacionada con la memoria y con los distintos aspectos y consecuencias de la represión dictatorial, de ámbito interdisciplinario. Un archivo donde se puedan consultar libros e investigaciones publicados en el mundo sobre estos temas. Los

testimonios orales y escritos de los supervivientes, así como las declaraciones en el Juicio a las Juntas y otras instancias judiciales, puestos a disposición del público y de los investigadores. En el marco de una actividad diversificada de esta naturaleza, que pretende llenar de contenido el “Espacio por la Memoria y los Derechos Humanos”, tendría sentido plantearse la exhibición de una colección de arte político moderno y contemporáneo, curada especialmente para ese fin, con zonas de exposición permanente y salas temporarias, bajo responsabilidad de los Museos de la Ciudad.

Las artes visuales pueden aportar un modo de reflexión cualitativamente diferente de la mera narración de los hechos históricos. La interpretación subjetiva presente en la obra de cada artista podría proponer al visitante un contrapunto y una visión diferente de lo que sucedió, permitir una conexión emotiva con el público y generar una experiencia intensa y enriquecedora. La naturaleza de las obras visuales es capaz de inducir un tipo de reflexión en el visitante que se puede complementar y articular con la aportada por el reconocimiento del espacio del horror. La cultura visual predomina sobre la verbal, en particular, en los más jóvenes. Artistas de distintas generaciones han trabajado en torno a estos temas. Obras realizadas cuando se estaban creando las condiciones que permitieron que sucediera lo que sucedió, otras contemporáneas con los hechos, reflexiones de tipo social, referencias al entorno, obras realizadas en el exilio o en la cárcel, obras relacionadas con la memoria de los hechos y obras de artistas de las nuevas generaciones afectados por sus consecuencias podrían conformar un conjunto de mensajes e interpretaciones cuya elaboración definitiva se dejaría al visitante.

Una colección de arte político, o las sucesivas muestras que la vayan definiendo, permitiría dotar al Espacio por la Memoria y los Derechos Humanos de un ámbito para la reflexión y el diálogo con los testimonios visuales de la época realizados por los artistas que vivieron la dictadura o se interesaron por sus consecuencias

Marcelo Brodsky

En Revista “Ramona”, Num. 42. Buenos Aires, 2004